Sitios

Antropología e Historia de México

compartir en facebook  compartir en twitter

El movimiento muralista mexicano

La lucha de Siqueiros


Por una seguridad completa
(detalle: Accidente de
trabajo)
Palacio de Bellas Artes
Foto: David Alfaro Siqueiros


El más polémico de los Tres Grandes que conformaron el Movimiento Muralista Mexicano, fue sin duda David Alfaro Siqueiros, pintor y militante, de ideas fuertes y convicción inquebrantable. Su vida, controvertida y pródiga en todos los sentidos fue alimentado por dos vertientes: la lucha social como mensaje y la pintura mural como medio. José Revueltas lo definió en pocas, pero muy acertadas palabras: "Como hombre y como artista, un gran mural de México en sí mismo, titánico como su obra." 

Siqueiros nació en 1896, en el estado de Chihuahua. Tenía quince años cuando participó en la huelga de la Academia de San Carlos, que duró varios meses, y tras la cual, los antiguos métodos de enseñanza fueron modificados. Ese mismo año comenzó a participar en la Escuela al Aire Libre de Santa Anita, a la que llamaban "Barbizón". Y ahí se encontraba estudiando cuando conformó un grupo junto con otros estudiantes para levantarse en armas en contra del usurpador Victoriano Huerta. Siqueiros escribió también para "La Vanguardia", el órgano periodístico del ejército constitucionalista.

 


Contra la dictadura
porfiriana (detalle:
El Dictador)
Museo Nacional de
Antropología
Foto: David Alfaro
Siqueiros


A esta corta edad, Siqueiros había concebido ya una idea social del arte; es decir, tenía la convicción de que la función primordial del arte es la de difundir en todo los niveles una convocatoria a la unión y la igualdad social. Por eso en 1918 organizó un Congreso para los Artistas Soldados. 

Durante mucho tiempo, quienes marcaron el destino artístico de la sociedad posrevolucionaria se definieron por un pensamiento izquierdista, y casi todos militaron en el Partido Comunista de México. Siqueiros luchó de un modo más personal, pero no menos agresivo. 

Becado con su sueldo de oficial, Siqueiros viajó a España al año siguiente. Ahí se encontró con Diego Rivera. Aquel encuentro tuvo una gran importancia para el muralismo, pues ahí se delinearon los conceptos que lo rigieron. 

En México, Siqueiros fue nombrado presidente de la Liga Nacional Contra el Fascismo y la Guerra en México. Viajó de nuevo a Estados Unidos, y en 1936, cuando dirigía un taller experimental, decidió unirse a un grupo de intelectuales y artistas para luchar en el ejército republicano en la Guerra Civil Española. Allí se casó con Angélica Arenal, la mujer que lo acompañaría el resto de su vida.

 


Por una seguridad completa
(detalle: La cosecha)
Palacio de Bellas Artes
Foto: David Alfaro Siqueiros

Su primera obra mural que tuvo gran éxito, según Justino Fernández, fue aquella que le encargó el gobierno mexicano en Chile. Eran los muros de la Biblioteca de la Escuela México, construida tras el terremoto que asoló al país sudamericano en 1940. Los temas, comenta Fernández, son de carácter histórico. En tres muros hace una alegoría de la historia de México y de Chile, unidas por la figura de un indio que lanza dardos hacia una cruz. 

La obra de Siqueiros se diferencia de la de Orozco y Rivera por un alto contenido de fuerza y agresividad. Es quien plasma más evidentemente ideas de carácter socialista. Sus temas son los problemas de los obreros, los mineros, los campesinos, y en general, de las clases oprimidas. 

Por otro lado, algunos críticos lo definen como el más visionario de los tres. Su idea iba más allá del arte social. Siqueiros creó todo un concepto en el que la pintura debe salirse del clásico marco para envolver todo un espacio. Es decir: Siqueiros buscaba que la pintura dejara de ser una ventana hacia otro espacio y que en vez, lograra crear un ambiente en conjunto con la arquitectura y a veces con la escultura. Justino Fernández llama a estos elementos superficie activa, composición espacial o intermural. Siqueiros además empleó nuevos materiales como el silicón, y herramientas innovadoras como la cámara fotográfica y el aerógrafo . 

A pesar de sus largas inmersiones en la política, Siqueiros nos dejó obras de gran valor, como los murales de la Tesorería del Gobierno (Patricios y Patricidas) o el Monumento a Cuauhtémoc, la Nueva democracia, y las Víctimas del fascismo, las tres en el Palacio de Bellas Artes.

En su faceta de luchador social, Siqueiros fue casi tan activo como en la pintura. Justino Fernández recuerda algunos de sus relatos, los cuales definen su carácter, sin miedo y agresivo:

"En 1914 los exhuelguistas de Bellas Artes y después conspiradores contra la usurpación de manera directa o indirecta nos incorporamos al Ejército constitucionalista, nos convertimos en el núcleo más activo de la conspiración estudiantil contra la dictadura militar del usurpador Victoriano Huerta; la huelga, dije antes, nos acercó al pueblo, esa trascendental participación nos dio un nuevo sentido crítico para los problemas concretos del arte." 

 

 

Redes sociales