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Antropología e Historia de México

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El movimiento muralista mexicano

Segundas generaciones de muralistas


México (detalle)
Instituto Mexicano del Seguro Social
Foto: Jorge González Camarena


Como se planteó anteriormente, el movimiento muralista atravesó por diversas facetas e incorporó a artistas de distintas proveniencias y con diferentes destinos. Entre 1934 y 1940, debido a una serie de factores políticos nacionales, el muralismo entró en una etapa de reflexión. En medio de intensas discusiones entre los artistas sobre los caminos que debía seguir el muralismo, se fundaron la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y el Taller de la Gráfica Popular, ambos intentos de darle continuidad a un arte comprometido con las masas obreras y campesinas.

La nueva orientación política asumida por el gobierno cardenista, así como una política interna y externa opuesta al fascismo, influyó en los pintores jóvenes que no habían participado directamente en la Revolución. Para éstos, la Revolución Mexicana significaba un concepto más internacional, que no sólo abarcaba la lucha armada interna, sino que formaba parte de la revolución mundial. De este modo, "los artistas pensaron que la pintura mural recobraría su función primaria y, así, podrían vincularse a una lucha en la que no les había tocado combatir" . Ejemplo de esto fueron los murales -en cuya realización participaron artistas jóvenes- en el mercado Abelardo Rodríguez y en el Centro Escolar Revolución . Simultáneamente, los murales empezaron a ser incorporados a los museos como objetos de arte y, de acuerdo a Esther Acevedo, "como testimonio de que con el movimiento revolucionario se había alcanzado la cristalización de ese arte nacional".

Al finalizar el régimen cardenista -cuya estrategia de desarrollo se había fundamentado en la participación o la incorporación de pequeños productores rurales y trabajadores urbanos- el nuevo gobierno adoptó la política de industrialización como alternativa de desarrollo, y en concordancia con los lineamientos establecidos por una alianza de intereses comerciales, industriales y antiagrarios. Esto trajo como consecuencia un distanciamiento de las reivindicaciones sociales que habían sido incorporadas en la Constitución.

A partir de esta etapa, la producción de murales aumentó considerablemente, por la necesidad oficial de darle un discurso plástico al nuevo rumbo desarrollista que aparentara la continuidad de la revolución y sus postulados sociales. Por su parte, la empresa privada aprovechó el prestigio alcanzado por este movimiento e inició el encargo de murales para la banca y hoteles. El objetivo fue presentar la imagen de un país civilizado y progresista, y de este modo atraer a turistas e inversionistas extranjeros; es decir, hubo una modificación en los contenidos de las obras, ya que estos murales omitían los aspectos de lucha revolucionaria que inicialmente había planteado el movimiento muralista. De esta manera, se comenzaron a realizar obras con un mensaje cada vez más común: aquel "que asienta un mensaje triunfalista y ambiguo a través de una galería de personajes históricos, elevados a una dimensión heroica por la versión oficial." Esta situación paulatina e inexorablemente llevará al agotamiento de un movimiento que, en sus orígenes -como señaló Esther Acevedo- estuvo "lleno de entusiasmo, vitalidad y nuevas propuestas".

Jorge González Camarena 

Nació en Guadalajara en 1908, y murió en la Ciudad de México en 1980. Llegó a los diez años a la capital mexicana; en 1952 ingresó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos, donde estudió durante tres años. En 1929 trabajó en pintura y gráfica para la publicidad. Hacia los años cuarenta continuó con el dibujo comercial y se inició en la pintura mural, pasando a integrar la segunda generación de muralistas. Fue en esta etapa cuando realizó grandes lienzos al óleo y cera para diferentes edificios públicos, ente los que se encuentra lo que era el tríptico del Banco Mercantil. Hasta el año 1945 el artista no había tenido exposiciones colectivas o individuales. En aquel entonces era poco conocido y a partir de aquí desarrolló su obra mural, inserta dentro de la corriente indigenista ligada a la Escuela Mexicana de Pintura.

Realizado en 1945, el cuadro La industria, la banca y el comercio, constituye la parte central del tríptico ya que las otras dos partes se encuentran extraviadas. El tema central es la banca como sustento de la industria y el comercio, y establece una relación entre la producción y la distribución equilibrando las fuerzas productoras y distribuidoras. Respecto a este mural, Esther Acevedo señaló: "No hay un mensaje crítico del desplazamiento sufrido por los objetivos sociales y sí en cambio una loa". Es una composición figurativa de colores fríos: sepias, ocres y grises, y de un aspecto pétreo y rígido que predomina en el cuadro y que se relaciona con obras posteriores del artista. Debido a sus grandes dimensiones -2.50 x 2.50 metros- estas composiciones se consideraron como obra mural; en realidad se trata de tableros y al no estar pintadas sobre muro han sufrido divisiones. Se conserva solamente la parte central de La Banca, también conocida como Mujer Montaña o La Montaña

José Chávez Morado 

Nació en Silao, Guanajuato, en 1909. Fue miembro del Taller de Gráfica Popular (TGP). Formó parte de la segunda generación de herederos directos de los muralistas. En su obra el artista incorporó elementos populares situándolos "en atmósferas elocuentes". Realizó obras murales en el Edificio de Ciencias de la Ciudad Universitaria, en el contexto de la integración plástica.

 


Historia de la aviación,
1936-37 (detalle)
Palacio de Bellas Artes
Foto: Juan O´Gorman


Juan O'Gorman 

Nació en la Ciudad de México en 1905 y murió en la misma en 1982. Destacado arquitecto, se le considera precursor de los movimientos contemporáneos e instaurador del funcionalismo en México. Del Conde señaló: "Como pintor destacó por sus minuciosas y fantásticas creaciones en las que aparece lo popular del arte tradicional mexicano" . Entre otras técnicas, trabajó el mosaico de piedra natural -como recubrimiento exterior- de diversos colores; realizó murales al fresco y pintura de caballete al temple. Las obras más importantes se encuentran en la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria. Juan O'Gorman perteneció a la segunda generación de muralistas.

Desarrolló grandes alegorías dentro del muralismo, como en las pinturas del Puerto Aéreo Central, (Historia de la Aviación), realizadas entre 1936 y 1937, en las que el pintor representó fantásticamente la historia de la aviación. Aunque dos de los tableros fueron destruidos -en 1937-, se conserva el principal, que posee las cualidades pictóricas de Juan O'Gorman. Justino Fernández nombró a la técnica utilizada por el pintor como "fresco-seco", ya que "se trata de tableros de madera preparada unidos imperceptiblemente, en los cuales las transparencias y el dibujo lucen y se unifican." 

Una de las obras importantes, realizada en 1941-42, se encuentra en la Biblioteca Gertrudis Bocanegra, en la ciudad de Pátzcuaro, Michoacán. A partir de una visión crítica, el pintor representó la historia de Michoacán en uno de sus momentos claves: el mundo precolombino, la llegada de los españoles y la obra civilizadora del obispo Vasco de Quiroga. En este caso, la obra de O'Gorman "está relacionada con la expresión de Diego Rivera", como señaló Justino Fernández, por el tratamiento clasicista de las formas y la composición, "el empleo de la sección de oro y grupos de figuras en diferentes planos", y la presencia de los retratos y anécdotas, elementos recurrentes e importantes en las composiciones de Rivera. Sin embargo, éstas poseen un estilo inconfundible y característico. 

Una de las obras murales más importantes es la que Juan O'Gorman realizó en la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria (1948-1952), edificio que se ha convertido en un símbolo de la Universidad Nacional y de la arquitectura moderna mexicana. Hay que destacar que en el caso de este mural el edificio entero fue concebido como una obra de integración plástica, y no se trató de encargar, como sucedió en la primera fase del muralismo, uno de los muros del edificio para ser ocupado por un pintor. 

Manuel Rodríguez Lozano 

Nació en la Ciudad de México en 1895 y murió en ella en 1971. Inició en 1910 su formación pictórica. A partir de 1914 vivió en París durante cerca de ocho años; allí se relacionó con las corrientes de vanguardia. En 1921 regresó a México y exploró las posibilidades expresivas del arte popular. En 1932 el coleccionista Francisco Iturbe le encargó una serie de pinturas con el tema de la muerte de Santa Ana; éstas fueron terminadas al año siguiente y se ubicaron en la galería de la casa de Iturbe, pintando una inscripción alusiva sobre los muros y dos figuras humanas al fresco. Estuvo injustamente encarcelado varios meses en la Penitenciaría del Distrito Federal, donde realizó el mural La piedad en el desierto (1942). En ese mismo año, realizó también el mural El Holocausto.

Teresa del Conde lo señala como uno de los representantes más importantes de la vertiente lírico-subjetiva de la escuela mexicana, que insistía en la necesidad de buscar la calidad plástica y los valores espirituales propios como objeto principal del quehacer pictórico, en oposición a la concepción de Siqueiros y Rivera, de hacer del arte un instrumento de crítica sociopolítica.

 


Una tarde de domingo en Xochimilco,
1937 (detalle)
Mural en el Hotel Ritz
Foto: Miguel Covarrubias



Miguel Covarrubias 

Miguel Covarrubias nació en la Ciudad de México en 1904; falleció en la misma ciudad en 1957. Realizó estudios artísticos en su ciudad natal y fue becado a Nueva York en 1923, donde comenzó una carrera como caricaturista e ilustrador de las revistas "Fortune" y "Vanity Fair"; de ésta última llegó a ser el caricaturista principal, material que le permitió la publicación del libro "The Prince of Wales and Other Americans". Becado por la Guggenheim Foundation residió en Bali, donde escribió "The Island of Bali"; poco tiempo después realizó la publicación ilustrada "Mexico South". Su interés arqueológico le permitió a viajar por diversos lugares del mundo y paulatinamente lo convirtió en un etnógrafo empírico, llegando a colaborar con instituciones y museos norteamericano y a publicar una serie de libros, entre ellos, "El Águila y el Jaguar" y "Arte indígena de México y América Central". Covarrubias fue director del Departamento de Danza del INBA y realizó escenografía y vestuario para ballets. 

La obra de Miguel Covarrubias no contiene preocupaciones políticas o alguno de los temas que el muralismo comprometido adoptó, de tal manera que se encuentra totalmente alejada del muralismo revolucionario. Se ha escrito que "su pincel se puso al servicio de los intereses de sus patrocinadores: promover al turismo en México. Sus murales estaban destinados al turismo recreativo de los años cuarenta y a hombres de negocios dispuestos a invertir en el país." Por otra parte, su obra mural expresó tanto lo autóctono como lo decorativo y se caracteriza por el dominio notable del color y por un fino sentido del humor.

Por encargo del dueño del Hotel Ritz, en 1937 Covarrubias pintó Una tarde de domingo en Xochimilco. Considerada una de sus obras importantes, en este mural, atractivo visual y cromáticamente, se representa una escena dominguera en donde aparecen diferentes grupos de la sociedad mexicana, mezclados con turistas extranjeros, situación que expresa la política propagandística y conciliadora de México hacia el los Estados Unidos. La temática forma parte de otra tendencia del muralismo mexicano, de señalar "lo propio" y las tradiciones en boga desde el siglo XIX .

En 1947, para el Hotel del Prado de la Ciudad de México pintó dos mapas murales: Mapa de la comunicación y México pintoresco. El primero, realizado sobre masonite, representa las riquezas naturales de México en donde se integran elementos propagandísticos con la tradición popular mexicana. En esta obra destaca el colorido profuso y, aunque las proporciones de las figuras no son realistas, sin embargo con esta desproporción logra una armonía y un dinamismo que refuerzan la intención de la obra. El segundo mural es similar al anterior en cuanto al contenido, aunque en este caso se trata de la representación de las riquezas culturales o populares. El manejo del color es exhuberante y plenamente armónico, y las figuras fueron trabajadas con gran cuidado y detalle.

En el Museo de Artes e Industrias Populares, Covarrubias realizó Mapa del arte popular mexicano, en 1951. La proporción, las figuras y los diversos elementos son manejados como en una página de revista: sólo a lo lejos es posible percibir la riqueza del color y es necesario acercarse para disfrutar del excelente dibujo y de los toques humorísticos que mezcla sutilmente. El dibujo es notable y cuidadoso, cada figura es trabajada hasta el último detalle. Sobre este mural se ha escrito que "el pintor toma a su país con acento ligero y totalmente alejado del muralismo revolucionario: se complació en presentar a los ojos fuereños como célebre cuerno de la abundancia con el que se le comparara poéticamente a México."

Como antecedentes de los mapas murales que realizó en la Ciudad de México, se encuentran dos de sus obras más importantes: los mapas del continente americano, pintados al temple en 1940 para la Feria Mundial de San Francisco California. Actualmente se alojan en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

 


Sin título, 1959
(detalle)
Foto: Carlos Mérida


Carlos Mérida

Carlos Mérida nació en Quetzaltenango, Guatemela, en 1891, y murió en la Ciudad de México en 1984. Recibió su formación en Europa y llegó a México en 1920, donde desarrolló la mayor parte de su obra artística. En 1922 fue ayudante de Rivera cuando pintaba a la encáustica en el Anfiteatro Simón Bolívar y también participó en el SOTPE. Según Justino Fernández, fue uno de los primeros muralistas y decoró la Biblioteca Infantil en el edificio de la SEP.

Entre 1927 y 1929 pasó una nueva temporada en Europa y, a partir de entonces finalizó su participación con la escuela mexicana e inició una etapa vanguardista, en las que se enmarcan sus obras más importantes y representativas. Desde entonces, desarrolló minuciosamente la estilización hasta llegar a una abstracción libre y muy lírica, sin el rigor que impone el geometrismo, sino -como señaló Justino Fernández- dejando correr la línea y el color. En sus obras abarcó variados temas, desde los más abstractos hasta aquellos que le inspiraron las antiguas crónicas mayas. En 1949 decoró la Guardería Infantil del Edificio Multifamiliar y buscó incorporar la decoración a la arquitectura por medio de la cerámica.

 


Alegoría de la Virgen
de Guadalupe, 
1923 (detalle)
Mural a la encáustica
Antiguo Colegio de
San Ildefonso
Foto: Fermín
Revueltas

Fermín Revueltas 

Nació en Santiago Papasquiaro Durango en 1902, y murió en la Ciudad de México en 1935. Después de realizar estudios en la ciudad de Chicago, regresó a México en 1919. Fue director de la Escuela de Pintura al Aire Libre de la Villa de Guadalupe y miembro del SOTPE. Pintor nacionalista que perteneció a la segunda generación de muralistas, integró el movimiento Estridentista y el Grupo 30-30. En 1922 realizó su primer mural Alegoría de la Virgen de Guadalupe a la encáustica, en la Escuela Preparatoria. En 1932 pintó otros murales en el edificio del periódico El Nacional, y en 1933 realizó un gran tablero en el Banco Nacional Hipotecario. Sus composiciones bien logradas se destacan por formas simplificadas y un colorido cálido y elegante.

 

 

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