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Antropología e Historia de México

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Los volcanes, símbolo de México

Los volcanes en el siglo XIX



Gigantes del Romanticismo
Los volcanes y la mirada decimonónica


Las grutas de Cacahuamilpa y el Popocatépetl cobraron gran interés para un sinnúmero de extranjeros que visitaron el país en el siglo XIX. Dicho interés quedó manifiesto en crónicas románticas y en descripciones de índole histórico y científico. 

Las cimas volcánicas se convirtieron en símbolo del mundo indio, en una expresión de lo mexicano. 

Los estudios de Humboldt acerca de los volcanes llevaron al inglés William Bullock a interesarse por el potencial minero del país. A Través de su obra Six months residence and travel in México, with plates and maps, se logra una gran difusión acerca de las favorables condiciones de México para la inversión extranjera. Otra pluma extranjera que describió la belleza de los volcanes fue Frances Erskine Inglis, conocida como Madame Calderón de la Barca, quien en la correspondencia que sostuvo con su familia describe el paisaje que los artistas llevarían al papel y a los lienzos. En 1841, Branz Mayer, político norteamericano, se mostró realmente admirado por la belleza de los volcanes, a tal grado que varias veces intento sin éxito escalar el Popocatépetl, en compañía del señor von Gerolt, el varón de Gros y el pintor Daniel Thomas Egerton quienes también dejaron testimonio de la belleza de los volcanes.

Los otros románticos

 




Los volcanes atrajeron no sólo la mirada de los científicos, sino también la de los artistas plásticos. La llegada de Eugenio Landesio a la escuela de San Carlos marcó el inicio de una tendencia hacia la revaloración del paisaje en sí mismo. Por otra parte, el nacionalismo de Ignacio M. Altamirano influyó en la mentalidad de los artistas sobre la necesidad de rescatar lo propio del país. Así, el paisaje, las montañas y la naturaleza de México a partir de Landesio y Altamirano se volvieron, en literatura y pintura, esencia nacional.

En la excursión realizada por Landesio al Popo acompañado por el pintor José Obregón y el fotógrafo francés Charnay, se tomaron las primeras vistas estereoscópicas del interior del cráter.

El impulso que la pintura de paisaje tuvo a partir de Landesio vio sus frutos en las obras de Luis Coto, Gregorio Dumaine, Salvador Murillo, José Jiménez y del más renombrado José María Velasco. 

Difusión de los volcanes en el extranjero

Los volcanes fueron captados por Velasco una y otra vez desde diferentes ángulos y tonalidades. Durante una exposición realizada en 1889 en París, México presentó una muestra de pinturas cuya temática fue en su mayoría paisaje. Con clara referencia hacia el pasado prehispánico, México mostraba al mundo sus adelantos y su cultura. Los sesenta cuadros con los que Velasco participó representaron entonces la cultura pictórica del país en los que no faltó, por supuesto, la presencia de los volcanes.

Los volcanes en la imaginación literaria

 



Los volcanes formaron parte de la literatura decimonónica en tres niveles: como parte de la narrativa propia de calendarios, revistas y publicaciones periódicas, dentro de la poesía, que resalta como tema el paisaje, o bien recrea la leyenda de la mujer blanca y su enamorado, y dentro de la novela costumbrista, donde los volcanes son testigos mudos del acontecer de sus personajes, o bien dentro del cuento.

Uno de los primeros escritores que toma en cuenta a los volcanes fue Luis de la Rosa, quien escribió Escritos descriptivos, donde entre otras cosas describe al Popocatépetl. Entre otros escritores que incluyeron a los grandes nevados, ya fuera como contexto de sus obras o como tema principal de las mismas están: Ignacio M. Altamirano en Paisajes y Leyendas; Manuel Payno en Los bandidos del Río Frío quien incorpora a los volcanes en el contexto en el que se desenvuelve la vida de los personajes; Heriberto Frías en Leyendas históricas mexicanas y en Historia de los volcanes. Corazón de lumbre y alma de nieve, dentro de la serie Biblioteca del niño mexicano.

Fin de siglo

En los últimos años del siglo XIX, se conjugaron en poesía y artes plásticas los ideales nacionalistas que habían sido impulsados desde mediados de siglo. Las fiestas del Centenario de la Independencia fueron el marco donde se presentaron estos lenguajes de corte nacionalista. Los volcanes por su parte, representaron el paisaje de lo propio, la imagen de la cuidad ancestral en la exposición de los artistas mexicanos organizada por Gerardo Murillo, quien destacó por su inclinación por el conocimiento de la vulcanología. Así, los volcanes acompañaron el recorrido del espíritu decimonónico en su constante búsqueda de identidad nacional.

 

María Estela Eguiarte Sakar

 

 

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