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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

Cristóbal de Villalpando


Cristóbal de Villalpando


Pintor muy renombrado en exposiciones, libros y artículos, cada vez más gana terreno a Miguel Cabrera como uno de los símbolos del arte novohispano. Se ignora la fecha de su nacimiento pero se indaga que nació alrededor de 1645. Se sabe que fue hijo de Juan de Villalpando y de Ana de los Reyes. Hacia 1686 era veedor del arte de la pintura1 lo que le confería gran presencia al regular las obras de ese periodo, y por lo tanto hacer las suyas con mucho más libertad que otros artistas. 

Entre sus obras más importantes destacan los 16 lienzos para el retablo de Huaquechula, Puebla así como aquellos del retablo de la Iglesia de Atzcapotzalco que datan de 1681. Otros lienzos que no deben pasar desapercibidos son La Transfiguración en la capilla del Divino Redentor en la Catedral de Puebla (1683) y la serie de la vida de San Ignacio de Loyola que realizó al final de su vida en el Colegio jesuita de Tepotzotlán.

 


Cristóbal de Villalpando


Finalmente, los tres grandes lienzos, considerados sus obras maestras son La Apoteosis del Arcángel San Miguel, La Virgen del Apocalipsis, La Iglesia Militante y La Iglesia Triunfante, todos en la sacristía de la Catedral de México realizados entre 1684 y 1686. Villallpando realizó numerosas obras que hace tres años fueron mostradas en una magna exposición, lo que propició a diversos y destacados investigadores hacer un importante recuento de su vida y obra artística. Estos lienzos presuponen su conocimiento por el desarrollo de la pintura sevillana de su época, y debido a esto, se le ha relacionado estrechamente con la producción de Juan de Valdés Leal, sobretodo en la selección del color, los tipos fisonómicos y la pincelada enérgica.2

Y no solamente Villalpando presenta vínculos con los artistas sevillanos y con el arte de su época, sino que incluso incursiona a la historia de la pintura denotando un estilo característico: "uno podría esperar que los cuadros realizados por Villalpando para la sacristía fueran pastiches obedientes a la pintura española del barroco tardío [...] Sin embargo, la realidad es totalmente distinta. Parte del impacto deriva sin duda de la forma de la decoración que es exclusiva de México y no se encuentra en ninguna parte de la Península".3

 


Cristóbal de Villalpando

Los lienzos de dicha Sacristía, incluso ahora son expuestos discretamente. Son obras que pasan gran parte del tiempo deleitando a unos cuantos, puesto que el recinto donde se encuentran por lo general permanece cerrado al público y a los fieles. El entrar y admirar dichos cuadros es una experiencia única, puesto que además de bellos, son de gran formato y colorido. Algún día, tal vez cuando nuevas generaciones mexicanas sean concientes del arte novohispano, las autoridades permitan un fácil acceso para que se contemplen en toda su magnitud y sentido histórico. 

El óleo que se expone aquí -Santo Domingo y la Virgen o Alegoría dominica- es una alegoría donde la Virgen alimenta con su leche a Santo Domingo de Guzmán. La composición se define en un ambiente plegado de movimiento central en el que una multitud de mujeres, a la izquierda y a la derecha, se dirigen hacia la escena principal; incluso, las que se encuentran más alejadas advierten el momento místico del santo. La pincelada suelta y difusa, muy a la manera de Valdés Leal y Rubens, propician que todos los personajes, mujeres y angelillos, expresen una posición palpitante que contrasta con la fijeza temporal de la escena principal. Habrá que notar además el decorado de las telas, las joyas, los brocados y el propio diseño de los ropajes, así como el tratamiento de las manos de la Virgen y de Santo Domingo que manifiesta gran expresividad y emoción de este momento espiritual.


1 Tovar de Teresa, Guillermo, Op. Cit., tomo III, p. 388.
2 Burke, Marcus, "Correa y Villalpando", Op. Cit., p. 111.
3 Brown, Jonathan, "Cristóbal de Villalpando y la pintura barroca española", en: Cristóbal de Villalpando. Catálogo razonado, p. 27.
 
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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