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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

La entrada del siglo XVIII, 1730-1781

 


Nicolás Rodríguez Juárez,
Visión del profeta Isaías


Aunado a este auge por el barroco de Juan Correa y Cristóbal de Villalpando, se observa en buena parte de estos años un auge similar en las condiciones socioeconómicas de la Nueva España. Por ello sería necesario nombrar aquí qué clase de contexto vigilaba, enriquecía e influía el ámbito artístico colonial. Un factor crucial de la historia novohispana fue el cambio de la dinastía de los Habsburgo a la de la casa de Borbón, así como la guerra de sucesión que causaría la separación de los Países Bajos y del sur de Italia a principios del XVIII.

Hacia 1720, México había desarrollado una economía mercantilista que propició una vasta proyección y construcción de edificios religiosos.1 Como hemos podido constatar en las máximas obras de Correa y Villalpando, la Iglesia poseía una base económica poderosa para encargarles obras de gran formato, lo que podríamos suponer que el barroco tardío, no solamente fue un estilo que representan la idiosincracia mexicana -constante aún en nuestros días-, sino que manifestó dentro de la historia colonial un momento recordado y palpable del auge novohispano.

 


Nicolás Rodríguez
Juárez,
Transverberación
de Santa Teresa


Sin embargo, este clímax barroco termina con estos artistas, puesto que se avecinaba ya un periodo de transición pictórica representado por los hermanos Nicolás y Juan Rodríguez Juárez. Suponiendo el contraste entre la pintura del paso del siglo y confrontándola con la producción de los años mozos de Correa y Villalpando, algunos historiadores identifican estas obras de la "transición" con cierto patetismo y desgane puesto que se había dejado atrás la pintura luminosa -que tanto gusta en México- de los representantes del siglo XVII. 

En términos de Manuel Toussaint, la pintura a principios del XVIII y concretamente, aquella que no perteneciera a los hermanos Rodríguez Juárez, se le considera una pintura "decadente". El apogeo mercantilista que ya he señalado, genera numerosas peticiones por parte de la Iglesia lo que generan cuadros que no sobrepasan las obras de los pintores anteriores. Además, Toussaint señala que se produjo una falta de gusto y criterio artístico en las personas ilustradas, el clero y los clientes.2

La urgencia de los clientes por poseer y decorar las nuevas construcciones tuvieron por consecuencia una pintura que no demuestra un análisis o estudio previo a la realización del lienzo. Sin embargo, no toda la obra pictórica fuera de los hermanos Rodríguez Juárez se instaura dentro de esta clasificación hartamente peyorativa; existen diversas obras de gran mística y fervor religioso, así como manifestaciones de índole social que son primordiales para estudiar esta etapa colonial de transición artística. Así lo veremos en el apartado de Pintura Popular más adelante.

 


Antonio de Torres, Retablo de
San Isidro


Por otro lado, Marcus Burke identifica a la pintura de los Juárez dentro del estilo que él ha denominado "barroco tardío internacional" y que no es otro que la combinación de los estilos barroco y clásico, el cual ejemplifica con Murillo en España y Le Brun en Francia.3 Además de que tanto los Juárez como el alumno de Juan, José de Ibarra entren dentro de esta clasificación, Burke señala el toque novohispano aún latente en sus pinturas como lógica influencia de los artistas predecesores. La identificación novohispana se traduciría ahora en movimientos controlados, inocencia, uso de pigmentos locales, distorsiones en la fisonomía y "rastros ocasionales de manierismo y un idealismo dulce pero penetrante en lo psicológico".4

Burke ha señalado a lo largo de su estudio de la escuela colonial mexicana sus tendencias a relacionarla con el manierismo desde Simón Pereyns hasta el maestro de Cabrera, José de Ibarra. Por último, sería interesante mencionar que además de los cambios pictóricos -formulados y dirigidos hacia un inminente rococó-, la utilización de un pigmento en especial permite identificar con mayor claridad los lienzos del XVIII. Se trata del llamado "azul de Prusia" que fue un pigmento artificial inventado en Berlín hacia 1704-1707, pero que sólo fue disponible hasta 1724. Nueva España no se quedó atrasada en su adquisición, y dicho azul se presenta en obras coloniales que datan a partir de 1730.5


1 Burke, Marcus, "Antecedentes socioeconómicos", Op. Cit., pp. 129-130.
2 Toussaint, Manuel, "Decadencia de la pintura", Op. Cit., pp. 126-127.
3 Burke, Marcus, Op. Cit., p. 133.
4 Ibidem.
5. Burke, "El azul de Prusia", Ibidem, p. 157.
 
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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