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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

La Academia y los inicios del neocláico, 1781-1810


José Luciano Castañeda,
Amorcillos


Un intento anterior fue el de Miguel Cabrera junto con otros pintores como José de Ibarra, Antonio de Torres, Francisco Vallejo entre otros, quienes en un principio solían reunirse para concertar e intercambiar opiniones que ayudaran al desarrollo de la pintura. Pese a ello, el rey nunca contestó las cartas que solicitaban el permiso para su fundación y por ello, se sabe muy poco de la iniciativa de estos pintores novohispanos.

La primera institución artística sustentada y patrocinada por el rey de España fue la Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos fundada en 1785. Al igual que sus hermanas europeas, la Academia de San Carlos se basó en los principios fundamentales del arte neoclásico del siglo XVIII que fueron: la revisión y estudio de los tratados de Vitrubio, la obra de Johann Joachin Winckelmann, arqueólogo alemán a quien se considera el padre de la historia del arte y finalmente la influencia clásica que se desató en torno a los descubrimientos de las ciudades romanas sumergidas por la erupción del Vesubio, Herculano y Pompeya en Italia. Valdrá la pena detenerse un poco en la definición del arte neoclásico del cual puede decirse que se asimiló un atraso en la Nueva España en comparación con la producción artística que desde sesenta años antes venía desarrollándose.

 


Mariano García,
Cabeza de Menelao


El principio para comprender el arte neoclásico se encuentra en el enaltecimiento del arte griego, concretamente hacia su simplicidad y sobriedad de formas, distinguibles en la arquitectura y escultura, así como su innegable grandeza, manifestada por ejemplo en el Partenón de Atenas. De esta forma, todo arte ligado a los conceptos de simplicidad y grandeza equivaldría a un arte indiscutiblemente bello. La Academia de San Carlos se ligó estrechamente a la estética griega a través de los artistas españoles que arribaron para su fundación en la Ciudad de México. 

Sin embargo, no se debe dejar de lado que las Academias y propiamente la de San Carlos se constituyeron como el producto del racionalismo iniciado en el siglo XVII y desarrollado en el XVIII.1 No puede haber un discurso tan vanagloriado por los historiadores mexicanos el hecho de que en México se haya iniciado una magna escuela de arte en el territorio nacional. Sobretodo que aún en nuestros días este movimiento se identifique con el arquitecto y escultor Manuel Tolsá, autor del famoso Caballito a la entrada del Museo Nacional de Arte. Sin embargo, el fundador oficial de la Academia fue el grabador Jerónimo Antonio Gil (1732-1798), supeditado a la Casa de Moneda como consecuencia de los favorables resultados del mercantilismo y centralización política del gobierno Borbón.

 


Jerónimo Antonio Gil,
Academia

La función de la Academia no fue solamente educativa sino normativa. Bajo el patronazgo real, los primeros maestros optaron por los temas históricos y por la creación de obras para su exhibición en público. Asimismo, la producción artística se realizó en base al estudio de las obras maestras del pasado bajo la estética y técnica clásicas. De esta forma, la Academia se caracterizó por el minucioso trabajo en el dibujo que se realizaba en copia de la anatomía humana mediante figuras de yeso importadas de Europa de las obras originales. Además, el estudiante asistía a clases de teoría del arte, letras, historia y matemáticas. 

Al principio, Jerónimo Antonio Gil recurrió a artistas novohispanos para que incursionasen como profesores, como José de Alcíbar, Santiago Sandoval y Juan Sáenz. Posteriormente, arribaron los directores de escultura y pintura, Manuel Tolsá y Rafael Ximeno y Planes respectivamente. La instauración de la Academia constituyó el inicio del arte moderno en México puesto que a su llegada rechazó el arte barroco, estilo ya descontinuado en Europa.2 Si no es propiamente el comienzo del arte moderno, sí puede observarse en las obras académicas mexicanas un cambio de gusto supeditado fuertemente a la estética neoclásica del siglo XVIII. Un gusto que inclusive se rescató aún después de los cambios políticos a partir de la Independencia, pero que en gran parte promovió lienzos que trataron de adecuarse a las obras europeas a través de la copia.

Pedro Patiño Ixtolinque,
Academia (dos figuras
tomadas del natural)

Pese a ello, lo que se rescata a la Academia de San Carlos fue la instauración del estudio del dibujo, del que contamos con una enorme cantidad de excelentes ejemplos realizados por artistas mexicanos. No cabe la menor duda que el dibujo, concebido como el tronco común de todas las artes, sirvió en mucho el desarrollo artístico de los aspirantes, tan es así, que hace poco se realizó una exposición en el Colegio de San Ildefonso donde se comparaba la gran calidad del dibujo académico mexicano junto con obras y bocetos europeos. 








1 Toussaint, Manuel, "La Real Academia de San Carlos", Op. Cit., p. 213.
2 Velázquez Guadarrama, Angélica, "La pintura mexicana del siglo XIX", en: La colección pictórica del Banco Nacional de México, Fomento Cultural Banamex, México, 1992, p. 123.
 
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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