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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

Códices



Foto: Akademische Druck-Und
Verlagsanstalt, Graz, Austria


Es indispensable conocer la labor artística de los antiguos mexicanos para analizar el arte que surgiría a partir de la llegada de los españoles en el siglo XVI. Muchas veces, pasamos de largo esta primera etapa del arte colonial, en especial, aquellas obras indígenas que manifiestan un arduo trabajo por vincular el arte propio y el importado. Probablemente, no con la intención de "unir", sino, únicamente, estas obras son el resultado del encuentro de dos culturas que, inequívocamente, tuvieron que amalgamarse.

Partiremos pues, de los códices, célebres testimonios de una civilización indígena que ya se disipaba. Los códices son imágenes que hablan de los mitos y los hechos antiguos como una sola historia. Eran documentos muy valiosos puesto que legitimaban la posición y posesión de cada pueblo. De ahí que, los gobernantes los guardasen con sumo cuidado en templos, palacios e incluso, en bibliotecas. Sería imposible imaginar el disgusto de los indígenas cuando los españoles, en especial, Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de la Nueva España, desencadenara una quema de tan legendarios manuscritos. Fue en parte, donde empezaba ya la historia del vencedor, ¿No es así?.

 



Foto: Akademische Druck-Und
Verlagsanstalt, Graz, Austria
1993.


No obstante, muchos de estos códices se mandaron a la Corona y de ahí la explicación de la existencia de dichos manuscritos en museos y colecciones europeas. Además, subsisten códices coloniales, los cuales tenían la función de documentar el primer periodo de la Colonia. Cabe aquí señalar la actitud contradictoria de los españoles, puesto que a la par de sus tendencias marginales optaron por realizar documentos con la misma técnica y con el mismo autor...

Un ejemplo de estos códices coloniales, es el Mendocino, mandado por el virrey Antonio de Mendoza. Elaborado entre 1541 y 1542, dicho códice estaba destinado para informar a la Corona acerca de la historia y la cultura indígena. Sin embargo, el códice nunca arribó a España, probablemente por la intercepción de los piratas. Fue hasta 1587 cuando ya se registraba entre los ingleses y, actualmente se encuentra en Gran Bretaña.1

Los materiales que se utilizaban como soporte eran el amate y la piel de venado. El procedimiento iniciaba con una capa de cal o de goma, se pulía para empezar a bocetar en sepia o negro con pincel de incisión. Posteriormente, se aplicaba los colores sin tonalidades. Por último, se definían las zonas de color a partir de una línea gruesa a la cual se le denomina "linea-marco". 

 



Foto: Akademische Druck-Und Verlagsanstalt, Graz, Austria 1993.



Los principales elementos de los códices son pictogramas (figuras humanas, plantas o edificios) y glifos, que a su vez se dividen en ideográficos y fonéticos. Los primeros sirven como componentes de los pictogramas puesto que expresan ideas y objetos. Los glifos fonéticos, indican la pronunciación de los locativos. En síntesis, se puede decir que el sistema de códices es pictográfico, con un complemento ideográfico y fonético.2

El estilo mixteca-puebla era el que predominaba a la llegada de los españoles. En él, aparece una amplia gama cromática que incluye negro, café, ocre, amarillo, naranja, rojo, blanco y azul. Este estilo demuestra además la línea-marco que no variaba en grosor. Es interesante, puntualizar que la función de esta delimitación de formas no servía para contornearlas o sugerir volúmenes, sino, simplemente, aislar las figuras.3

Ahora bien, si seguimos estas líneas de análisis que se otorgan a los códices, veremos que, en realidad, estos registros se nos presentan como una aparente simplificación de ideas, sobretodo, si les observamos con ojos occidentales, no tendrían especial valor al erróneamente considerarlos dentro de un contexto primitivo. En sí, el sistema de códices no es más que un laborioso trabajo en que la concepción estética permea bajo un complicado lenguaje pictórico, ideológico y fonético que permite ser interpretado para narrar una historia en el momento de su lectura. No olvidemos que, la civilización indígena vivió bajo un tiempo distinto a la europea, en donde se entretejían cuestiones muy alejadas y distintas del pensamiento europeo y por ello, no pueden ser vistas como primitivas.

 


Tlaloc, Códice Ixtlilxochitl
Foto: Biblioteca Nacional
de París, en: México,
Splendors of thirty
centuries
, p. 275.


El valor de los códices prehispánicos se basaba en el diálogo entre el objeto y el lector, en este sentido, la obra podía completarse a la luz de su lectura, revisión e interpretación.

Dentro de las variadas similitudes que presentan los mayas con el grupo del centro de México, se encuentra la representación de la figura humana, punto importante para asimilarla dentro de las primeras manifestaciones artísticas coloniales que incluyó a los artistas indígenas. Básicamente, las proporciones no se rigen dentro de los cánones clásicos -para los indígenas, naturalistas-, no son correctas puesto que no era la finalidad representar al ser humano como es visto verdaderamente. 

Sin lugar a duda, no existe relación entre la realidad y el códice: la figura humana es representada de perfil; la cabeza, las manos y los pies son más grandes que el resto del cuerpo; por su parte, las orejas son representadas como un hongo que ha sido cortado a la mitad; las uñas y los dedos suelen ser detallados; por lo general, los dedos de los pies son curvados y apuntan hacia abajo; por último, existe una falta de correspondencia izquierda-derecha en brazos, manos, piernas y pies.4

 


Gobernante de
Texcoco, Códice
Ixtlilxochitl

Foto: Biblioteca
Nacional de París,
en: México,
Splendors of thirty
centuries
, p. 277.

Finalmente faltaría destacar la relación de las figuras con los objetos que les rodean. La diferencia de escala es lo que compone la integridad del códice. Es decir, una figura humana puede ser de mayor o menor tamaño que un templo o un elemento de la naturaleza. 

En fin, es muy vasta la investigación e interpretación de los códices prehispánicos, y no es el objetivo aquí de abarcarla toda. Únicamente, se ha querido sintetizar las características básicas para que usted lector, pueda acercarse un poco más a la contemplación de los códices y a la visión estética de los antiguos mexicanos. Por ello, le invito a un estudio personal del arte prehispánico el cual es fundamental para identificar gran parte de la percepción indígena que aún prevalece en nuestros días. El arte prehispánico no ha muerto, aún espera ser estudiado y comprendido debidamente. De alguna forma permanece latente a los ojos ciegos de la gran mayoría de los que habitamos este país.





1 Escalante Gonzalbo, Pablo, Los códices, Conaculta, México, 1998, p. 52.
2 Escalante, Op. Cit., p. 8.
3 Ibidem, p. 14.
4 Ibidem, pp. 18-21.
 
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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