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Antropología e Historia de México

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Pintura Colonial Mexicana

Misioneros


Miguel Cabrera


Como ya sabemos, Hernán Cortés arribó a México con un mínimo ejército español que literalmente arrasó con la civilización azteca. Sin profundizar mucho en la historia, podremos señalar que la conquista española (a diferencia de la inglesa y la portuguesa) era en sí misma muy característica. Además de la mezcla inmediata entre las razas, los españoles apenas habían reconquistado las tierras del sur dominadas por los musulmanes en 1492. Contemos pues los años en que una vez más España se comprendería a sí misma como un reino triunfante a la caída de Tenochtitlán en 1521.

Los españoles ya poseían una gran experiencia previa en términos de conquista, de guerra, de organización militar, etc. Todo esto aunado al surgimiento de leyendas y mitos de los héroes en la batalla que se verían acogidos bajo la sombra de Santiago Matamoros -Santiago Mata indios en el Nuevo Mundo-. Añadamos a toda esta experiencia militar, el fervor religioso que marcaría, precisamente la diferencia entre la conquista de Granada y la conquista Americana. Veamos.

 


Anónimo


Desde el siglo VIII había prevalecido en la península ibérica una convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos- armoniosa dentro de lo que cabe-, puesto que se había logrado establecer un sistema de tolerancia que permitía convivir los unos con los otros a pesar de sus diferencias religiosas. Sin embargo, las tres religiones tenían algo en común, su monoteísmo, y se tenía conocimiento de sus ritos y cultos desde mucho tiempo atrás. No corrió la misma suerte América, debido a que la percepción de lo divino distaba mucho de aquellas tres religiones del Viejo Mundo en un simple detalle: politeísmo. 

Fue aquí, cuando España vio de nuevo la oportunidad de comenzar unas segundas "cruzadas", en las cuales su pueblo se vería enaltecido bajo la bendición de Dios. Los grupos religiosos que arribaron a la Nueva España fueron el clero regular y el clero secular. El primero constaba de frailes que vivían conforme a una regla; los segundos realizaban sus actividades fuera de la anterior (obispos y arzobispos). La gran mayoría de estos religiosos eran milenaristas, es decir, creían que el fin del mundo se aproximaba, y esta filosofía impregnó de forma substancial en la evangelización de las comunidades indígenas. 

 


Anónimo



Ahora bien, el gran obstáculo al que se enfrentó el grupo eclesiástico fue el idioma que se convirtió en una estrategia de conversión importante. Imaginemos por un momento, que se descubre todo un lenguaje hasta entonces desconocido: el náhuatl. Imagine otra vez, la necesidad -y dificultad- de comprenderlo, de aprenderlo... 

Las tres grandes órdenes que llegaron a México fueron los franciscanos, los dominicos y los agustinos. Estas órdenes se esparcieron en distintas partes del territorio mesoamericano; los franciscanos se establecieron en el centro (Tlaxcala, Puebla, Michoacán y el Bajío) y aprendieron el náhuatl; los dominicos cubrieron la zona de Oaxaca y dominaron el mixteco, el zapoteco y el otomí; los agustinos se encargaron de cubrir los espacios que no habían dominado los franciscanos hacia el noreste (Michoacán, Morelos, Hidalgo y el Estado de México).

 


Anónimo


Los frailes se orientaron hacia los lugares inhóspitos de la Nueva España, dando como resultado numerosos conventos e iglesias que actualmente permanecen rodeados de pequeños pueblos. Algunos ejemplos son Epazoyucan, Hgo., Cuilapan, Oax., y Huejotzingo, Pue. La labor misionera se apoyó en diversas estrategias, religiosas y culturales, para cimentar la evangelización indígena. 

Además del aprendizaje de la lengua, los frailes tradujeron muchos textos de enseñanza bíblica a los que añadieron diversas imágenes; la pintura formó también parte esencial de este sistema misionero como veremos más adelante; por si fuera poco, se permitió la música, la danza e incluso el teatro, tradiciones que persisten actualmente entre los pueblos indígenas de representar escenas bíblicas. Toda esta combinación de manifestaciones culturales, empezarían por definir la distinción artística entre las órdenes conventuales que enriquecerían indudablemente la primera etapa del arte colonial.

Para la constitución de los conventos, se elegía un lugar que tuviera ciertas características climáticas y una cercanía relevante con los pueblos indígenas. Al hacerlo, se erigía una cruz, generalmente sobre los templos prehispánicos -tal es el caso de la Catedral de la Ciudad de México-, otro punto importante como estrategia para la conversión y dominación de la nueva religión impuesta. Una vez edificada la estructura conventual, se trazaban las calles y se veía por las viviendas que habitarían los indios.

 


Anónimo
 

Como es de suponer, el atrio es el gran patio que nos dirige a la iglesia y al convento. Precisamente, en el atrio se llevaban a cabo todas las actividades evangelizadoras que señalé con anterioridad más la realización de procesiones, bautismos, confesiones, matrimonios, etc. Los primeros brotes del Renacimiento surgieron a partir de la fundación de pueblos indígenas, parcialmente convertidos, en donde la iglesia de mantenía como eje central de un sistema ordenado de calles. 

En Europa, las ciudades crecían igualmente conforme al centro o plaza mayor en donde se encontraban edificios religiosos y de gobierno. Sólo que, el crecimiento de la ciudad correspondía para el siglo XVI como una traza llamada de "plato roto" que se caracteriza por la bifurcación de calles sin ningún orden. 

Es a partir de la fundación de los conventos cuando surgen las primeras escuelas para indígenas. Así tenemos que el flamenco Fray Pedro de Gante fundó la primera gran escuela de artes y oficios: San José de los Naturales en la naciente ciudad de México (1527). Dicha escuela cubría un enorme programa de oficios y sirvió como modelo para las escuelas posteriores. Se utilizaban diversos grabados debido a la falta de modelos europeos. Además, se apoyaban con textos de índole moral que se denominaban "exempla".


De esta forma, la enseñanza franciscana tenía dos fines principales: evangelizar y, partiendo de la conversión, alcanzar la salvación mediante el trabajo manual. Una forma de enseñanza fue la copia de grabados, pero recordemos que los indígenas tuvieron que enfrentarse a modelos europeos que no conocían. Si de por sí, es difícil copiar las formas de una obra - la línea, la figura, la composición, etc.- cabrá imaginarse lo que pudo ser para el indígena que nunca había experimentado el volumen, la proporción y la escala en una imagen, elementos que nos son muy familiares aún no siendo grandes conocedores del arte. 

El proceso de enseñanza y evangelización requirió de una admirable paciencia y entrega por parte de los misioneros. Habrá que rescatar aquellos momentos en que estos frailes se acercaron a los grupos indígenas, y no sustentarse en la creencia de que todas las misiones fueron crueles y explotadoras. Esta última premisa permite que profundicemos en aquella etapa esencial del nacimiento de nuestra nación, pues muchos somos el resultado del vínculo europeo con lo indígena, querámoslo o no, y que, de alguna forma no hemos aprendido a considerar que aquellos "conquistadores" se procuraron una fe ciega, una dedicación piadosa y un notable interés en aprender la lengua indígena y permitir un sincretismo entre ambas culturas que ni siquiera hoy, somos capaces de llevar a cabo...
 
Autor: Gabriela de la O

 

 

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